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Calle de magia, Orson Scott Card

La incursión a esta novela no ha sido fácil; hay que reconocer que nunca lo es con esos escritores a los que tenemos tan catalogados por una o varias de sus obras: aunque no sea justo para el escritor, nos sucede más que habitualmente (que se lo digan a J.K.Rowling). Orson Scott Card es y será recordado principalmente por El juego de Ender, una novela de ciencia ficción donde, precisamente, este elemento no era el de mayor peso en la trama: las protagonistas eran las brillantes reflexiones filosóficas (y psicológicas) de los personajes. Sin embargo, su aportación no quedaría ahí, ni mucho menos: a El juego de Ender le seguirían varias entregas más que ampliaban este universo, así como otras novelas desvinculadas de la saga. Hoy me gustaría comentar una de estas lecturas que no tienen nada que ver con el sci-fi pero que abrazan otro género de difícil cocción: la fantasía.

Calle de magia nos trae la historia de Mack Street, un niño que fue encontrado cerca de un desagüe y que ha sido acogido por el barrio de Baldwin Hills, una comunidad afroamericana de clase medio alta. Mack pasa su infancia yendo de aquí para allá, sintiéndose querido por todos pero sabiendo en su interior que no es como los demás: por la noches, cuando está dormido, hay unos sueños fríos que le atemorizan. Sabe que si no los controlara algo terrible le pasaría a los vecinos de Baldwin Hills.

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Lo más destacable que habría que comentar de Calle de magia es sin duda el dominio de la narrativa que tiene Orson Scott Card para hacer que algo tan difícil de encajar como es la magia en la cotidianeidad resulte lo suficientemente creíble como para darle crédito a la historia. La trama juega con aspectos de la cultura conocidos por todos o, al menos, sabidos de oídas de forma popular, como son las historias de Shakespeare, repletas de venganzas y grandes pasiones. De ahí es de donde surge el elemento fantástico de la historia, que se introduce con suavidad en la trama facilitado en gran por un preámbulo sumamente intrigante y efectivo.

A pesar de esto, debo decir que, para mi gusto, Calle de magia no ha cumplido mis expectativas. El punto de partida era lo suficientemente prometedor como para esperar una mayor profundidad en el desarrollo de ciertos frentes que se presentan pero que finalmente son esbozados de forma muy ligera; puede que esto se deba a que, si has leído La tienda de Stephen King, es imposible no establecer comparaciones entre estos dos relatos. Mientras que King describía con maestría los deseos y las ansias ocultas de una comunidad, así como creaba una atmósfera malsana a partir de la nada, Card se queda en lo meramente anecdótico para centrarse en los aspectos más fantásticos, en detrimento de la obra.

Las comparaciones siempre son odiosas; puedo ver atisbos de Stephen King y de sus narraciones en muchos puntos de esta novela, pero creo que Card se queda a medio fuelle en lo que esta historia pudo haber sido. El género de la magia o de la fantasía no debería ser óbice para ofrecer un retrato interesante que afronte una mayor profundidad: de hecho, hay muchos ejemplos de novelas fantásticas que lo logran. Es una lástima que el escritor no ahonde en ese barrio construido por las pretensiones y el afán de igualdad, donde algunos anhelos consumen los corazones y cómo se dejan entrever esos jirones de la religión (mejor dicho, del fanatismo) que pueden llegar a enturbiar las almas de quienes no aplican la bondad por puro raciocinio.

Sin embargo, hay que decir que Calle de Magia resulta una incursión agradable en el género, una lectura amena y ligera que, si bien no resulta tan satisfactoria como podría haber sido, sí resulta un buen y efectivo entretenimiento.

 

Autora: Noemí Escribano

 

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